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viernes, 25 de abril de 2014
Poesía en cuaderna vía
Con mis estudiantes de décimo estamos trabajando la cuaderna vía, el profe les deja el ejemplo de su creación textual.
Pienso en los amantes de hoy me parecen graciosos
Son amores virtuales pero no son virtuosos
Parecieran intensos mas no son amorosos
Se enamoran rápido efectos desastrosos
Los contactos por Facebook No son nada especiales
solo son apariencias rostros artificiales
no parecen sinceros los jóvenes actuales
veo que los dominan instintos animales
Etiquetas:
creación textual,
Cuaderna vía,
El buscón
martes, 9 de julio de 2013
Fragmento de "El buscón" de Quevedo
En este momento estoy trabajando con mis estudiantes la novela picaresca y, a pesar de que hay varios fragmentos no había podido encontrar aquí en la red uno que me gusta mucho, en el que Pablos decide que se dedicará a ser pícaro y algunas de las primeras diabluras que hace mientras sirve a don Diego. Lo publico aquí para quien quiera trabajarlo
CAPÍTULO VI
DE LAS
CRUELDADES DEL AMA Y LAS TRAVESURAS QUE HICE
“Haz como vieres” dice un refrán y dice bien, de puro considerar en él,
vine a resolverme de ser bellaco con los bellacos, y más, si pudiese, que
todos. No sé si salí con ello. Pero aseguro a v.m que hice todas las
diligencias posibles. Lo primero, yo puse en pena a todos los cochinos que se
entrasen en casa y a los pollos que del corral pasasen a mi aposento.
Sucedió que un día entraron dos puercos, del mejor garbo que vi en mi
vida; yo estaba jugando con los otros criados y los oí gruñir y le dije a uno “vaya
y vea quien gruñe en nuestra casa”. Fue y dijo que dos marranos. Yo, que lo oí,
me enojé tanto, que salí allá diciendo que era mucha bellaquería y atrevimiento
venir a gruñir a casas ajenas; y diciendo esto, le envasé a cada uno – a puerta
cerrada – la espada por los pechos, y luego los acogotamos; y porque no se
oyese el ruido que hacían todos a la par dábamos grandísimos gritos como que cantábamos
y así expiraron en nuestras manos. Sacamos los vientres, recogimos la sangre, y
a puros jergones, los chamuscamos en el corral; de suerte que cuando vinieron
los amos ya estaba hecho, aunque mal si no eran los vientres, que no estaban
acabadas de hacer las morcillas, y no por falta de prisa, que en verdad que por
no detenernos las habíamos dejado la mitad de lo que ellas se tenían dentro.
Supo, pues, don Diego y el mayordomo el caso y se enojaron conmigo de manera
que obligaron a los huéspedes – que de risa no se podían valer – a volver por
mí. Me preguntaba don Diego qué había de decir si me acusaban y me prendía la
justicia. A lo cual respondí que yo me llamaría a hambre, que es el sagrado de
los estudiantes, y, si no me valiese, diría: “como se entraron sin llamar a la
puerta, como en su casa, entendí que eran nuestros”. Riéronse todos de las
disculpas. Dijo don Diego: “a fe, Pablos, que os hacéis a las armas”. Era de
notar ver a mi amo tan quieto y religioso, y a mí tan travieso, que el uno
exageraba al otro, o la virtud o el vicio.
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